Internet, el sexo, mi cuñado y Second Life IV
Al parecer todos llegamos a este mundo sin algo que luego muchos pretenderán usar de forma casi obsesiva. Yo, honestamente (sí, soy honesto, cosa que me trae muchos problemas) prefiero pasar por alto esta etapa. No hay nada interesante que recalcar, si ya de por sí éste relato interminable resulta poco atractivo... Al final me compré un pene, como hacemos todos, no sin antes haber pasado por la etapa de rodaje con el típico pene encorvado que el primero que te oye lamentarte te regala en ademán de compadecencia. La verdad es que miro hacia atrás y lo veo normal. Daba bastante pena. Desgraciadamente hoy en día no me da ninguna pena ver a esa clase de personas a las que tanto me parecía. Que se jodan.
Lo que hace poco denominé 'odisea hacia la belleza' siguió su curso lentamente, aunque sin detenerse. Curiosamente a medida que mejoraba mi apariencia el trato que recibía por parte de mi entorno resultaba más agradable. Real como la vida misma, la primera impresión suele ser importante. Recuerdo un tiempo en el que me envenené y me dejé llevar por aquella falsedad que conseguía embaucar a cualquiera. Así, de pelirrojo, enano y de piel casi tan blanca como la nieve pasé a ser un musculoso hombre tatuado y decorado por todas partes con complementos y baratijas varias. O, en otras palabras, pasé a ser un auténtico gilipollas. Y es que ese trato que tanto te ata a la belleza de tu avatar no resultó ser más que el reflejo de la falsedad, tanto real como virtual, de la gente en general. Sí, sois unos falsos. Todos. Lo siento si alguien se ofende, pero en este mundo damos todos bastante asco. La diferencia es que yo aprendo del error, mientras que otros desgraciados se empeñan en tropezar una y otra vez con la misma piedra.
De cualquier modo el camino no fue fácil. No era nada gratificante intentar relacionarte y sentirte rechazado una y otra vez. Cualquier persona, prostituta o aprendiz de delincuente que por allí rondaba, no aceptaba mis ofertas de amistad o hacían que mis intentos de conversar se vieran normalmente frustrados. No hay grupos, ni amigos. No hay nada. Sólo una ciudad aburrida a la espera de algo que no se sabe muy bien qué es (me sigo preguntando si realmente la prostitución es un negocio en Second Life. Aunque muchos pongan el grito en el cielo al leer esto -cosa que me agradaría, todo sea dicho, ya que significaría al menos que alguien lee esto- me temo que la prostitución en un mundo en el que cualquiera puede ser bello y atractivo no va más allá de ser una afición; un mero pasatiempo); con su club, en el que por cierto nadie me hacía caso tampoco, su gente, sus tiendas, sus rincones sin nada que esconder... Sobraba espacio, pero sobre todo faltaban ideas. Normal que ya no exista. Por eso en estos relatos narro siempre hechos que me acontecen, y no describo parajes que he visitado. Quizá mañana no estén. Para qué me voy a molestar en mostrarlos. Esto es Second Life... De un modo u otro Amsterdam II ya no existe. Me alegro al menos de haber vivido allí lo que viví antes de abandonar aquél sitio.
Resulta que todo lo que en el párrafo anterior cuento está exagerado. Lo suelo hacer cuando me apetece dramatizar, bien sea porque no estoy bien o simplemente porque me aburro. Sí hubo gente dispuesta a conversar o compartir. Como en todas partes, afortunadamente. Un chico, cuyo nombre ya olvidé, me regaló unas armas. Yo me ganaría la vida protegiendo a las prostitutas de los diversos peligros que las amenazan en su día a día. Bueno en su caso debería decir en su noche a noche. Da igual, porque ellas se protegían bien solitas. Más tarde descubriría que lo único que podía molestar a esa clase de personas eran los pesados como yo. De este modo sería 'pobre' durante mucho tiempo. Aunque no pobre de espíritu, que es lo que afortunadamente me hizo darme cuenta de por qué soy rico de corazón y no de bolsillo. Aún así no podemos decir que me remuerda la conciencia. No se podía esperar más de alguien cuya experiencia en estos entornos eran juegos para Play Station sobre violencia de todo tipo.
A este hombre se le fueron uniendo personajes varios. Yo veía de todo por allí: putas, vampiros, putas, apuestos galanes sin un solo L$ para pagar a una puta, novatos como yo en busca de alguna puta tonta que trabajase gratis, algún que otro presumido con coche o moto y de vez en cuando alguna que otra puta. La gente interesante parecía en peligro de extinción. La palabra puta ya iba perdiendo sentido por sí sola. Me gustaba entrar a diario en el club que allí había. Se llamaba 'Babydollz' y dentro podías encontrar sofás, bailarinas, jarras de propinas llenas de propinas casi obligadas, una pista de baile... Pero en realidad lo que me llevó a conocer aquél lugar eran unas plataformas en las que, simplemente por subir a bailar, recibías dinero. Curioso. ¿Y eso por qué? ¿Qué ganan ellos? No lo sabría hasta mucho más tarde, pero de momento lo que importaba es que había encontrado una idea alternativa a la extorsión con armas inofensivas...
Al principio era un poco desolador. Tras una eternidad allí encadenado psicológicamente, recibías una miseria. Pero al poco tiempo conocí a un hombre bastante peculiar. Al principio, al ver gente así, me permitía el lujo de, aún siendo novato, rechazar semejantes personalidades. Hablo de gente con tendencias distintas a la mía. Mis vaqueros rotos de la librería del inventario y mis Converse negras eran un estilo. El de aquél hombre era otro. Vestido totalmente de negro, lucía unos tatuajes que cubrían casi toda su piel, decorada además con complementos que rozaban el movimiento punk y tendencias como el hip hop. Una mezcla que me llamó la atención. Una exagerada cresta culminaba la obra. Al terminar de contemplar la escena me vi sumido en una duda bastante estúpida. No sabía si ése hombre era de fiar, era así en la vida real o era un completo pardillo. Al ver su perfil y su aspecto en la vida real comencé a pensar en que ese personaje podría merecer la pena. Se correspondía con su aspecto en Second Life y eso me gustaba. Yo desde el principio intenté siempre ser fiel a la realidad en cuanto a dikku nos referimos. No imaginaba que algún día dikku y Diego poco tendrían que ver... O tampoco lo poco que me iba a importar en el futuro la clase de persona que fuera cada uno, o su etiqueta social. Pero por este mismo motivo narro esto. Por esa 'odisea' hacia una belleza superficial.
Su nombre era Dave Hua y ofrecía algo más que una conversación. Parecía atraído por mi intención de extorsionar. Claro que por lo que fue atraído realmente fue porque sólo a un idiota como yo se le podía ocurrir semejante estupidez y quizá pensó que con el carismático español que acababa de conocer podría pasar buenos momentos. No se equivocaba. Aceptó mi amistad, cosa que por cierto me sorprendió. Con razón dicen que las apariencias engañan...
- no puedo decir nada mas que :)
pero que verdad mas grande dikku, todos somos muy falsos, demasiado, por eso tu, aún sigues en mi lista de amigos, o mejor dicho, volviste a ella.. porke eres de las poquitas personas en sl, que no me parece falsa.
muakss
- Wow.. Una pregunta...¿cuánto pesas?
Posts: 13
Comments: 22
¡Hola! Bueno pues éste es mi blog, o el de dIkKu. Soy español, 21 años. Con eso es suficiente supongo, ya que dedicaré todo este espacio a lo relacionado con SL. Espero que os guste a todos.


